MAREA BLANCA
por Teresa MÁRQUEZ SANMARTÍN
Publicado en la revista Libedrón de Galicia

Cuando peregriné a Santiago, después de dar el abrazo al Apóstol, por supuesto
fui a Finisterre a ver morir el sol y quemar una prenda usada en el camino. Ese
trayecto lo hice confortablemente sentada en el auto de mi amigo Tino, lo que me
permitió disfrutar a pleno de las bondades de la naturaleza en todo ese
recorrido.
Camino a Muxia, pasamos por Negreira y Dumbria. Nos detuvimos para visitar el
santuario de la Virgen de La Barca, pasamos por debajo de La Pedra dos Cadris,
luego paramos en el Faro Touriñan hasta llegar al puerto de Finisterre. El día
soleado y agradable más la brisa y el olor a yodo daban el marco apropiado. Sin
duda la costa Gallega ha sido uno de los paisajes más bellos que he visto.
Como broche de oro llegamos a Costa da Morte y la fascinación que ejerció en mí,
no me es fácil traducirla en palabras. La puesta de sol, el inmenso y lejano
horizonte, como línea divisoria entre la vida y la muerte. Muerte que da inicio
a una nueva vida y así en una rueda sin fin, de la que hablan las filosofías
orientales.
Por momentos mi mente se vaciaba para llenarse solo de océano y cielo y en esos
momentos me sentía parte indivisible del universo. Algo muy difícil de percibir
porque estamos llenos de egoísmo y de intereses propios y pensamos que China no
tiene nada que ver con Ushuaia, ni Alaska con la Antártida, ni Africa con
América. Caro estamos pagando esta ignorancia. Estamos destruyendo el planeta,
nos estamos destruyendo a nosotros mismos.
¿Será que se nos ha dado la capacidad de razonar y de discernir para
aniquilarnos sin piedad?
Aplaudo los adelantos científicos, ¿pero la ciencia no estará entrando en
terrenos divinos?
Aplaudo los adelantos tecnológicos, ¿pero estos no dan demasiado poder a unos
pocos, quitándole posibilidades de supervivencia a millones?
¿No hay limites para los que manejan el mundo? ¿Y que pasa con nosotros, sabemos
respetar para ser respetados? ¿No se diluye la ética en un mar de aguas turbias?
¿ Será que Dios nos ha soltado demasiado las riendas?
Recuerdo unas palabras que leí en un libro de Basilio Losada, donde uno de sus
personajes dice:
-Yo soy un pobre loco, y no creo en nada. No sé si creo en Dios,
pero sí creo que hay que amar la presencia de Dios en el mundo, que son los
otros, es decir todos los hombres. Yo no sé, a veces creo que no creo, pero vivo
como si creyera.
Entonces yo me pregunto, ya que mi vida siempre ha transcurrido entre pregunta y
pregunta. Solo haciendo el camino encontré mas respuestas que preguntas.
¿Los gobernantes del mundo, nunca sienten la presencia de Dios? No la ven en la
sonrisa de sus pequeños hijos o nietos? ¿En la naturaleza que es prodiga, pero
que ya se esta cansando de tanta agresión? ¿Todos habrán pactado con el demonio,
por una vida eterna y por eso acumulan riqueza y más riqueza a costa del hambre
y esclavitud de los pueblos y la destrucción de la naturaleza. ? ¿O creerán
realmente que la vida termina con la muerte? Y si es así para que tanto? ¿O
creerán que ellos están inmunizados contra la contaminación de las aguas, de los
suelos, el agujero de ozono, los alimentos y medicinas adulteradas, la falta de
amor y las posibles guerras nucleares?
Por momentos pienso que vivimos en una eterna recurrencia, regresando a la edad
media, pero con Internet, tarjetas de crédito, armas nucleares, Código de
barras, etc. Seguramente ya estarán pensando en erradicar los documentos de
identidad y reemplazarlos por códigos de barras en nuestras muñecas. ¡Ahorrarían
mucho papel y sueldos de empleados!
Perdón, en estos días al ver las imágenes de la costa gallega, la tristeza e
indignación sumada a la que ya tengo por mi querida Argentina, ha endurecido mi
corazón, solo la sonrisa franca y espontánea de mi nieto y cuando veo la
cantidad de gente que se ofrece para ayudar a las tareas de limpieza de la costa
Gallega o las redes solidarias que surgen en dentro y fuera de Argentina para
salir de la depresión económica, son capaz de endulzarlo.
No creo en la casualidad sino en un mundo causal. Donde todo efecto es producto
de una causa originaria. De acuerdo a este concepto, todos en mayor o menor
medida somos responsables del mundo de hoy.
He vuelto a Galicia en este final y comienzo de año y me he encontrado con una
Galicia lluviosa y triste. Pero con gallegos y no gallegos con una gran vocación
de servicio y una férrea voluntad, a pesar del frío, las lluvias y temporales,
que trabajan incesantemente levantando con sus manos el "Chapapote" o fuell.
Me inclino ante ellos, me inclino ante los hombres y mujeres que con su amor
intentan demostrar que la "marea blanca" poco a poco puede ir limpiando las
costas de la "marea negra"
Quisiera tener la autoridad suficiente para poder convocar a todos los seres de
buena voluntad, a formar una gran "Marea Blanca" y así limpiar la oscuridad del
mundo.
Muchos pensaran que es imposible un mundo mejor, a veces también lo pienso, pero
en esos momentos rescato estas palabras de W.Goethe:
"Hay una verdad elemental cuya ignorancia mata
innumerables ideas y planes espléndidos:
En el momento en que uno se empeña a fondo, la providencia también comienza a
actuar. Una infinidad de cosas llegan en su ayuda, cosas que de otro modo no
sucederían...
Sea lo que sea lo que tu puedes hacer, o lo que sueñas con poder hacer, comienza
ya. La audacia tiene en sí genio, poder y magia. Comienza ahora."
-
Queremos agradecer á profesora
Teresa Márquez Sanmartín por achegarnos este material.
Para contactarse coa autora podedes facelo a :
peregrinosdelcamino@yahoo.com.ar
Volver a: Experiencias do camiño
