LA VIEIRA Y SU SIMBOLOGÍA
Todas las peregrinaciones, sin excepción, poseían toda clase de objetos y atributos característicos, recuerdos de las mismas, en muchos casos objetos santos o santificados. A veces eran piedras de los edificios santos, piedras de las tumbas, agua del Jordán, aceite de las lámparas que ardieron ante sus altares, velas quemadas ante la tumba de Cristo, limaduras de hierro de las cadenas de San Pedro, etc.
La peregrinación a Santiago durante los siglos XI y XII posee enseñas propias,
entre las que sobresale el uso de
vieiras
o
conchas como gran atributo jacobeo. Son conchas de vieiras del
tipo
Pectem Maximus L., que se pueden encontrar desde Madeira hasta Noruega.
El uso de tal motivo fue tan pródigo en el peregrino jacobeo, que no solo tenía
la presumible funcionalidad de ayudarse con ella para beber, sino que formaba
parte de su indumentaria decorativa en el traje de romero, en la esclavina, en
el sombrero.
Incluso comprada como regalo se podían encontrar en plomo, hueso, marfil y
metales preciosos, que se vendían en mercado floreciente en la puerta de
Azabachería.
La vieira parece que ya había sido anteriormente utilizada en ofrendas
mortuorias en ritos prehistóricos, y en la antigüedad era considerada como
símbolo del amor, atribuyéndosele efectos afrodisíacos. También están esculpidas
en los sarcófagos de los primeros cristianos de las iglesias coptas,
recomendadas también en brujería contra el mal de ojo, mala suerte,
enfermedades, etc. Pero no figuran en ningún caso asociados a la iconografía
cristiana antes del culto a Santiago, y cuya aplicación al mismo está sin una
clara explicación.
El mito de que los peregrinos se acercaban a las playas para recoger tales
enseñas para regresar después a sus países con la demostración de haber realzado
la peregrinación es falso, por cuanto la venta de estos objetos fue fruto de un
ascendiente negocio en la ciudad de Santiago, en la puerta de Azabachería, de
tal modo que tuvo que ser regulado contractualmente por la iglesia que se queda
con el 33% del negocio, y la venta fuera de la villa estaba prohibida bajo
excomunión. La vieira indicaba fundamentalmente la peregrinación a Santiago,
pero por extensión se adjudicó a todo tipo de peregrinación, y por consiguiente
era objeto de devoción local en otros santuarios, generalmente cerca del mar,
como en Francia en el santuario de Saint-Michel, donde la efigie del santo ha de
aparecer grabada en las representaciones de plomo, como lo hacía el Santiago
matamoros en las de Compostela.
El estudio de las vieiras naturales descubiertas en las excavaciones nos informa
de la extensión e importancia del culto a Santiago a través de Europa y sus
caminos, de las rutas de peregrinación, de los hábitos funerarios, de la
evolución de los vestidos con que se enterraban los peregrinos, de las
supersticiones, de las prácticas de la medicina popular, y otros muchos
desarrollos de minuciosa atención.
La mayoría de las vieiras que aparecen en las tumbas no pueden ser consideradas
como ofrendas mortuorias, aunque después de la Edad Media y hasta el siglo XVIII
formaban parte del traje del peregrino enterrado con ellas. Se encuentran estas
tumbas fundamentalmente fuera de España, sobre todo en Francia, en las rutas
principales, pero también en las secundarias o de acceso, formalizando de ese
modo el Camino a través de sus enseñas. Hay restos en el Schleswig alemán, en
Amsterdam, en Breslau, en Ginebra, en Londres, en Lyon, en Malinas, en
Salisbury. Los ejemplos de enseñas más antiguas en el subsuelo se encuentran en
la segunda mitad del siglo XII extendiéndose por los países citados en los
siglos en los que la peregrinación era más numerosa e importante.
El significado de la vieira en el transcurso de los siglos y de los caminos pasó
a ser el signo de reconocimiento de peregrinación y dificultad, por lo que al
portante de las mismas se le ofrecía ayuda en la consideración de su esfuerzo y
santificación para sobrellevar las fatigas y peligros, siendo a la vez
beneficiarios de las obras de caridad que ofrecían las instituciones
hospitalarias, las cofradías y otras gentes que en ellos reconocían al peregrino
y a Cristo, como era el indicativo evangélico extendido en esa época, y a lo que
nos hemos referido en semanas anteriores.
Podemos así concluir que la vieira es el signo por excelencia de la
peregrinación jacobea, pero que en ningún caso nació como signo telúrico en el
Camino, aunque si fue donde más importancia y desarrollo tuvo.
Autor: Francisco Javier Ocaña Eiroa (1999) publicado na web de Rafael Ojea
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