El camino de Santiago
por Teresa Márquez Sanmartín
publicado en "Mundo Gallego", Enero 2001
Muchos me han preguntado antes de partir, qué significaba hacer el camino, para qué hacerlo, porqué hacerlo, cuáles son los motivos que impulsan a querer caminar tantos kilómetros por caminos montañosos, solitarios o desconocidos.
Hay tantos motivos como espíritus que se sientan impulsados a dejar sus huellas
en él. Religiosos, espirituales, culturales, deportivos, turísticos y
seguramente algunos más, que ahora no vienen a mi mente. En mi caso, nací en
Galicia y aunque de muy pequeña mis padres vinieron como tantos otros a este
país, supieron transmitirme amor por el terruño y crecí con la añoranza y el
dolor de la lejanía. Pero la semilla por hacer el camino prendió en el año 1998
cuando fui a Santiago de Compostela, me enamoré del apóstol, de su vida, de las
cualidades que representa, de toda la magia de esa ciudad que atrae millones de
turistas todos los años y de todas las latitudes, hoy declarado patrimonio de la
humanidad.
Al año siguiente me regalaron un libro llamado "Ultreia" (que quiere decir "para
el frente" o "adelante") que
cuenta historias, leyendas y anécdotas del camino, muy ameno e interesante. La
semilla comienza a germinar. Nace un proyecto. Era lejano, pero comprobé que
cuando un proyecto es válido se comienza a recibir la información que se
necesita para concretarlo, las puertas se van abriendo y las señales van
llegando.
Durante casi dos años mi vida giró en torno a Santiago y sigue girando en torno
a él, interiorizándome en todo lo referido a su vida y al camino. Al comienzo,
mi mayor impedimento era el costo del viaje, pero eso no me preocupaba porque
estaba segura de que si debía viajar, el dinero iba a aparecer, y así fue. En un
momento en el que todos se quejaban porque sus ingresos disminuían, los míos
aumentaban.
Cultivando la esperanza y la acción, que son las cualidades que representa Santiago, no permitiendo que la duda apareciera en ningún momento y aceptando la voluntad divina fuera cual fuera, hice el camino.
El camino es una síntesis de la vida, se presentan las mismas situaciones, los
mismos estados emocionales, dudas, broncas, desencantos, esperanzas, alegrías.
Pasa gente a tu lado que sigue su camino, con otros se comparte solo un trecho,
una cena, un bocadillo, quizás dé lugar a contar parte de tu historia.
Los paisajes son soñados, los caminos de todos los suelos, cemento, ripio,
tierra, piedras enormes; subidas y bajadas constantes que te dejan sin aliento y
nos hablan de la ley de la polaridad, de lo pendular, de los extremos y, como en
la vida, las bajadas son mortales. Las pantorrillas duelen casi hasta las
lágrimas, se llega a momentos de mucho dolor físico y uno piensa: "Aquí me
quedo, que venga una ambulancia, un helicóptero o Superman a rescatarme..." pero
mágicamente a los diez minutos desaparece todo dolor y se continúa caminando
como si nada.
Sin duda el camino está atravesado por las energías de la Vía Láctea y las
fuerzas electromagnéticas que emergen de la tierra, sumando a esta combinación
la energía propia de cada uno de los peregrinos que desde tiempo inmemorial han
dejado en él energías positivas y negativas, respetando la polaridad que nos
permite sacar lo mejor y lo peor de nosotros mismos, teniendo el camino tanto de
terrenal como de espiritual. Y, por sobre todas las cosas, el espíritu jacobeo,
basado en las cualidades de Santiago, tan aplicables hoy como antaño, ya que nos
hablan, como dije anteriormente, de la acción y la esperanza.
También como en la vida los dolores van cambiando. Los dos primeros días son los
pies, el tercero es el peor: las piernas parecen garrotes, la mochila ya pesa
cerca de los trescientos kilos sobre la espalda, pero al sacártela
instantáneamente desaparece el dolor... ¡Qué bueno sería póder hacer lo mismo
con la mochila que todos cargamos sobre nuestras espaldas! Después duelen los
glúteos, las cervicales y cuando llegas a Santiago te duele absolutamente todo,
pero la emoción que se siente al pararse frente a la catedral borra al instante
todo rastro de dolor.
Pero no creas que todo fue dolor y sufrimiento. Nos hemos divertido muchísimo,
pasamos momentos en los que se presentaban situaciones graciosas, sobre todo en
los albergues, que son los puntos de reunión y descanso de los peregrinos, con
quienes compartes, además de champúes y jabones, una charla, o quizás
simplemente contemplar como va cayendo el sol y la melodía nocturna comienza a
sonar.
Se aprende a vivir con lo imprescindible, tomando conciencia de que nos pasamos la vida creando necesidades superfluas impuestas por el consumismo y cuando no podemos acceder a ellas nos sentimos mal, nos crean conflictos que nos impiden disfrutar de lo que tenemos, sin recordar que no somos un cuerpo con espíritu, sino un espíritu al que se le dió un cuerpo para cumplir con su destino.
Frente a todas las situaciones difíciles que aparecen durante el camino, se
comprueba que la voluntad es la que mueve el cuerpo, la que impulsa, la que
genera movimiento, la que permite sortear todos los obstáculos, no solo del
camino sino también de la vida, que nada somos sin voluntad y que todo lo que se
nos ocurra podemos lograrlo dejando que ella actúe, porque, en definitiva, la
voluntad es la manifestación de Dios en cada uno de nosotros.
Quisiera aclarar que el Camino a Santiago no es una peregrinación como las que
se realizan aquí en la Argentina, por ejemplo al santuario de la Virgen de
Luján, donde un caudal de gente sale desde un lugar prefijado a la misma hora y
va todo el camino cantando o rezando hasta que llegan. Aquí cada uno lo hace
individualmente o en pequeños grupos y va deteniéndose donde quiera, y se puede
hacer caminando, a caballo, a bicicleta o en moto. Para estos últimos, el
camino, por trayectos, se divide.
En los tramos donde ciclistas y peregrinos comparten el camino, es común
escuchar el aliento de los ciclistas a los caminantes: "Buen camino" o "Ultreia,
Santiago está cerca".
Cuando mi proyecto iba avanzando me contacté con un peregrino "empedernido"...
este es un calificativo cariñoso, como vive en Galicia siempre que puede se va a
hacer el camino. Se llama Constantino Chao Mata, alias Tino, quien, con su
paciencia y cordialidad iba contestando todas mis inquietudes.
Quisiera transcribir una poesía que me envió sobre el camino:
PEREGRINO
Polvo, barro, sol y lluvia en el camino de Santiago.
Millones de peregrinos y más de un millar de años.
Peregrino ¿quién te llama?
¿qué fuerza oculta te atrae?
Ni el campo de las estrellas ni las grandes catedrales
No es la bravura Navarra, ni el vino de los riojanos,
ni los mariscos gallegos
ni los campos castellanos.
Peregrino ¿quién te llama?
¿qué fuerza oculta te atrae?
Ni las gentes del camino, ni las costumbres rurales,
ni la historia, ni la cultura
ni el gallo de la calzada
ni el palacio de Gaudi
ni el castillo de Ponferrada.
Todo lo veo al pasar y es un gozo verlo todo.
Más la voz que a mí me llama
la siento más hondo.
La fuerza que a mí me empuja,
la fuerza que a mí me atrae
no sé explicarla ni yo.
Solo el de arriba lo sabe.
Hacer el camino más allá de la belleza de sus paisajes, su energía, su
espiritualidad, la cordialidad y hospitalidad de los gallegos, nos permite
descubrir toda esa fuerza interior que todos tenemos, abrir nuestra mente y
nuestro corazón a iniciar el camino hacia una mejor calidad de vida.
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Queremos agradecer á profesora
Teresa Márquez Sanmartín por achegarnos este material.
Para contactarse coa autora podedes facelo a :
peregrinosdelcamino@yahoo.com.ar
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